Reflexiones de Taxi
Las horas pasaban y el taxi seguía dando vueltas. Qué mejor momento que este para mirar por la ventanilla y entretenerme con el banal mundo que giraba mientras esperaba a que el auto encontrara su rumbo.
Millones de pensamientos cruzaron mi mente: mis amigos, mis compañeros, mis enemigos y un montón de desconocidos. Ni hablar de las mujeres, que siempre tienen un pedacito de mi atención, como así también el arte y la belleza... supongo que esas tres cosas siempre estarán unidas en mis pensamientos.
Pero en fin... qué linda es Buenos Aires de noche —mientras pensaba en esto, curiosamente en la radio estaba sonando "En Blanco y Negro Buenos Aires"—; las luces, los turistas y los pobres chiquitos pidiendo dinero a la gente. Una imagen alentadora como pocas.
El taxista seguía perdido; se notaba claramente que era novato en su trabajo o que me vio cara de alienado europeo. De todos modos, este viaje no iba a pagarlo; la incompetencia no merece recompensa.
De nuevo en la ventanilla miro y observo "nada", hasta que me doy cuenta de que la NADA era justamente lo que predominaba... quién hubiera pensado que un interminable viaje en taxi me haría darme cuenta de que encontrar gente viva es un gran desafío... la mayoría solo existe, eso es todo.