La Dama del Lago, Excalibur y cómo esta llegó a Arturo
Cuenta la leyenda que una noche serena de algún verano celta, una sacerdotisa apodada por los lugareños de Ávalon como "La Dama del Lago" se encontró con un joven llamado Arturo.
—Te ofreceré tres objetos, cada uno con un don especial —dijo ella—. Pero sólo uno de estos objetos marcará tu destino.
La Dama hizo aparecer sobre el pastizal como por arte de magia una copa de oro, una lanza y una espada.
—La copa otorga la gracia de no pasar hambre o sed jamás —describió—. Quien la posea no sufrirá los males de una cosecha pobre o los de una cacería escasa. La lanza y su poder mantendrán por siempre alejado a cualquier enemigo, jamás te faltará seguridad si la eliges. Y, por último —señalando tal vez el objeto con más valor de entre los tres—, esta espada, mejor conocida como Excalibur, es capaz de otorgarle a su dueño el don de no derramar jamás ni una sola gota de su sangre. Deberás elegir con sabiduría, pues debes decidir entre uno y sólo uno de estos objetos —sentenció.
Como el destino dictaba, el joven Arturo eligió Excalibur y reinó maravillosamente en Camelot por casi toda su vida adulta.
Cuando Arturo murió, Excalibur fue devuelta a Ávalon, de donde, según se dice, jamás volvió a salir.