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Esquinas I

Ilustración de Esquinas I

Más allá de Salta al 900, antes de llegar a la “Esquina de la suerte” y después de pasar la casa de la Sra. Vieyra, la geografía de Sarandí se vuelve confusa.

Ciertas calles bailan con otras haciendo muy difícil caer en la misma esquina más de una vez.

Crecer en un barrio con esquinas tan caprichosas produce dos grandes males: un retraso incondicional al momento de cumplir con alguna cita y problemas de orientación a la hora de distinguir el norte del este.

No es de extrañar ver a la gente caminando con estricto cuidado de sus pasos. Uno a la vez, en extrema lentitud y con mucha cautela. Cargados de un temor nacido de la inseguridad y del terror que proviene de la simple idea de perderse para siempre en esas esquinas danzantes.

Los viejos que juegan a las bochas en la plaza suelen decir —no sin cierta sabiduría— que esos pasos no son más que una manifestación de aquellos miedos que hacen a las personas frágiles y que las esquinas no danzan, sino que uno las esquiva acaso para evitar encontrarse con un problema a resolver.

El caso es siempre el mismo. Más allá de Salta al 900 la geografía de Sarandí se vuelve confusa. No sabremos nunca si las esquinas son las culpables o si somos nosotros los que vivimos perdidos sin saber dónde estamos.