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Entre la nada y el adiós, confesiones de un optimista

Ilustración de Entre la nada y el adiós, confesiones de un optimista

No fue hasta que el hecho fue consumado cuando la realidad decidió aparecerse y mostrar su fea cara.

—Ha de ser la época del año —me dijo—. Pero yo no creo que sea eso.

Es raro cómo un sábado a la noche, rodeado de personas tal vez desconocidas, puede convertirse en un puente hacia tu verdadero ser.
Todo lo que era efímero está tomando un peso demasiado importante. No era así como fue acordado; ese no era el trato.
Supongo que la edad finalmente está teniendo efectos en mi persona. Significa que aquello que estuve esperando sin ganas durante tantos años finalmente está tocando a mi puerta y ahora soy yo el que se niega a abrir y dejarlo pasar. Me debo estar ablandando o tal vez sea el hecho de que ya no tengo diecisiete años.

Se siente como sucio; como quien dice: "la mugre en el alma".
Es una pena. Si fuera un tanguero, sabría cómo aprovechar la situación.

Ahora es cuando hay que pensar. Cuando se debe ser prudente y actuar con precisión quirúrgica.
Un error y se termina. Un error y me haré vecino de la soledad.

Por última vez, carpe diem.