El japonés errante
Zenón Santilán supo ser japonés.
O por lo menos eso ponía en su currículum cuando hablaba de sus previas experiencias laborales.
Es que para Zenón, ser extranjero, más que una condición, es una profesión.
Como buen japonés, ejecutó a la perfección las artes de la tintorería, el tango y las tradicionales poesías cortas, conocidas como “haikus”.
Esas poesías fueron tan importantes para él que publicó un libro con sus haikus más célebres.
Aquí transcribiré algunos de ellos:
Cuando suben minas,
como usted,
el saltamontes duda.
La sinceridad que opera
sobre terreno conocido
es mera reiteración.
Mentí a ella,
vio mi envido,
cerró paraguas.
Enamora la chance
de hacer diferencia
la indiferencia.
Quieto, mi vida,
la guita
o la misma.
El astro Sebastian Moon canceló sus charlas por tierras japonesas por culpa de este libro.