De las cosas secundarias
El argentino promedio tiene una actitud que me resulta interesante.
Esa habilidad de hablar mucho y decir poco.
Dentro del extraño credo melancólico se encuentra instalada en muchas personas la necesidad idiota de focalizar su concentración en aquellas cosas secundarias en lugar de las primarias.
A veces esto resulta cómico y otras veces es simplemente molesto.
Ejemplificaré a continuación algunos casos (cualquier relación con la realidad podría ser tan sólo una extraña coincidencia):
### Situación 1
Se abre el telón. Una habitación iluminada. Una pareja discutiendo.
Muchacha (triste al borde del llanto) [dirigiéndose a su novio]: ¿¡Me engañaste!? ¡No lo puedo creer! ¡Decime quién es!
Este cuadro, sacado de una obra popular, demuestra en parte lo que quiero decir.
La muchacha, en lugar de preguntarle a su pareja sobre el porqué del engaño, decide enfocarse en aquello que es completamente inútil: la identidad de la chica que le quitó a su novio.
Admito que tal vez sea dificultoso actuar con moderada lógica y frialdad en una situación como la que estoy describiendo, pero eso no viene al caso; esta extraña fascinación por prestarle atención a las cosas secundarias también ocurre en temas muchísimo más livianos.
### Situación 2
Una familia viendo una serie para televisión con actores de cierto renombre. Momentos atrás se desarrolló el nudo de la historia; una tanda publicitaria genera el espacio de libertad del comentario.
La madre [señalando al televisor, dirigiéndose a uno de los personajes de la serie]: La otra vez me enteré de que el muchacho este que hace de malo adoptó un bebé africano. Y una organización lo señaló como oportunista y afirmó que sólo lo hizo para obtener más fama con la controversia.
Un escenario completamente pacífico. Ninguna decisión importante nacerá jamás de este cuadro. Podemos descartar los nervios y las presiones del ejemplo anterior; aquí reina la tranquilidad... y también el inútil comentario acerca de la vida privada de uno de los protagonistas de la serie. Un comentario que no suma nada al motivo principal por el cual aquella familia estaba viendo televisión.
Lo importante debió haber sido alguna opinión sobre la historia que se estaba desarrollando, si quisiéramos hilar más finito, una opinión sobre la calidad de los actores o personajes hubiera sido aceptable. Pero si el que hace de malo es en realidad un rico niño mimado, que por falta de fama decide hacerse acreedor de un bebé africano para que los tabloides fijen su atención en él, ese dato es completamente inservible.
Ese dato no ayuda a digerir mejor la serie ni mucho menos a apreciar mejor la complejidad de sus personajes. Ese dato confunde, distrae y, quizá lo más importante, no le cambia la vida a nadie.
Conclusión
Creo que en lugar de acometer con comentarios sobre hechos insignificantes, deberíamos dejar las obviedades donde están y darles una segunda mirada a aquellos temas que realmente nos pueden enseñar algo.
Las cosas importantes son reales, son directas y están ahí. Algunas son más llevaderas que otras. Pero todas suman...
Con esto no estoy diciendo que debamos dejar de hablar de cosas efímeras..., sino que dejemos de recalcarlas; así evitamos el riesgo de transformarnos en uno de esos temas de los que todos hablan y nadie dice nada.