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De la temperatura infernal y celestial

Ilustración de De la temperatura infernal y celestial

El siglo XX fue una época muy extraña para aquellos dedicados al aprendizaje de datos o hechos inútiles. Los hombres sabios dedicados a las ciencias cayeron en un pozo depresivo. Creían torpemente que ya no había nada más por calcular, descubrir o entender.

Motivados por una necesidad imperiosa de más aprendizaje, aquellos dedicados al saber —acaso con el miedo que provoca conocer hasta el más ínfimo detalle sobre este universo— invirtieron su tiempo en repasar todo lo existente para ver si, por esas casualidades, no se les había escapado algo que no haya sido estudiado o, por qué no, descubierto.

Fue tal vez por ese motivo que en 1972 se publica un texto anónimo en la prestigiosa revista de ciencia Applied Optics. Este artículo se proponía determinar la temperatura del infierno.

En el mismo, el autor cita un fragmento del libro del Apocalipsis: "Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda." (Apocalipsis 21:8)

Omitiendo el valor poético de estas líneas, se puede decir que para poder lograr un lago de azufre, la temperatura del mismo debe ser menor o igual a los 444,6 °C, dado que si fuese mayor, el azufre pasaría de líquido a gaseoso... y esa cualidad la haría perder su condición de lago.

Tiempo después de esta publicación, unos ortodoxos estudiosos sacaron un cálculo similar, pero basándose en otro pasaje de la Biblia. "Y la luz de la luna llena tiene que llegar a ser como la luz del sol relumbrante; y la mismísima luz del sol relumbrante se hará siete veces mayor, como la luz de siete días" (Isaías 30:26)

Según esto, dijeron los sabios, el Cielo recibe de la Luna la misma radiación que nuestro planeta recibe del Sol; y además siete veces lo que nuestro Sol nos aporta. En otras palabras, en el cielo la radiación solar sería 50 veces más grande que la que recibimos en la Tierra.

Si aplicáramos la ley de Stefan-Boltzmann de la radiación, podríamos decir que la temperatura estimada en el imperio celestial ha de ser cercana a los 525 °C. (Nota del autor: Podría poner aquí la fórmula matemática por la cual uno puede llegar a ese resultado, pero me niego a retratar con detalles científicos un hecho que ya ha sido calculado. Apelo a la buena fe. Créanme, es 444,6 °C y 525 °C respectivamente.)

Para finalizar, y fuera de programa, comparto con Uds. una canción que siempre me recuerda a aquellas personas desesperadas por el saber.

Desperado por The Eagles, interpretado por Linda Ronstadt. Versión en vivo desde algún lugar perdido en el tiempo. Posiblemente, Australia.

Desperado — Linda Ronstadt, Offenbach 1976