Crónicas Absurdas: "Licor de mi Agonía"
I
Luego que el Artista diera por terminado su experimento, se dispuso a aclarar su mente caminando por Cerrito.
Fue justamente ahí cuando se encontró con la Desgracia, quien, tomándolo por la mano, lo contaminó con su aprecio y lo enfermó con su amor.
Agitado, sucio y asustado, logró escaparse de las féminas manos de la Desgracia; y mientras huía, una Sirena urbana lo tentó con su maligno canto.
—Me llaman Agonía —dijo.
—Lo imaginé —respondió el Artista.
Ella lo abrazó, tomó su mano y se la llevó a su pecho, traspasando piel y carne como si fuesen líquidas.
Su mano llegó al lugar donde debería haber un corazón. Una extraña y fría forma llamó la atención del Artista, y con el consentimiento de la Agonía se lo apropió.
De aquel pecho salió una copa de cristal. En la copa había un néctar. Del néctar él sació su sed.
Ella nunca más se fue.
Él se condenó y escribió.
II
Licor de agonía a las 6 de la mañana.
Bebiendo de la botella nefasta de mi alma.
Sometido al opio de mi crueldad,
bizarría cobarde de mi pasión animal.
Ajenjo de sabor criminal,
dulce néctar de mi perdición inmoral.
Pues asemejo al Gray retratado al reflejo que alguna vez tuve…
La excelsa condena de mi plástica vanidad.
Y mientras las caricias del pecado me consumían… yo bebía el licor de mi agonía…
a las 6 de la mañana… desde el pico sucio de la botella de mi alma.
Era de noche y estaba solo, mi mente y mis villanos: mi única compañía... a grito desesperado alcé mi pluma, para que su tinta desangrara más crónicas absurdas.